Los médicos revelan que comer hígado de pollo puede causar… Ver más

Para un paté casero, mézclelos con mantequilla, cebolla caramelizada y hierbas frescas. Servido sobre pan tostado como aperitivo, será todo un éxito.

Para una salsa cremosa, desglase la sartén con un chorrito de vino blanco, añada crème fraîche y viértala sobre pasta o arroz. Sofisticada y reconfortante a la vez.

Algunas precauciones a tener en cuenta: como con cualquier alimento rico en grasas, la moderación es clave. La alta concentración de vitamina A puede resultar excesiva si se consume a diario; las mujeres embarazadas, en particular, deben consultar a su médico. Y como con todas las vísceras, es esencial cocinarlas bien: la regla es que no queden rosadas por dentro.

Preparado con cuidado, el hígado de pollo resulta ser una opción deliciosa, económica y realmente saludable.