—Pensé que estaba exagerando.
—¿Por qué?
El rostro de Eleanor se tensó.
—Porque a menudo parecía frágil.
—No. Porque necesitabas que fuera irresponsable.
—No es justo.
—Además, no la dejaste sin comida.
Eleanor bajó la mirada.
—Cometí un error terrible.
Era la primera vez que admitía algo abiertamente.
David no sintió alivio.
—¿Por qué le pagaste a Hudson Family Consulting?
Ella levantó la cabeza bruscamente.
El miedo cruzó su rostro por un instante.
Luego desapareció.
—No sé a qué te refieres.
—Sí, tienes razón.
—Vine a disculparme.
—No. Viniste porque sabes que la policía está revisando esas cuentas.
Eleanor frunció los labios.
David se acercó.
—¿Quién es Jonathan Reeves?
—Hablaste con Daniel.
—Respóndeme.
—Me ayudó con mis finanzas.
—¿Qué importa eso?
—Tu padre dejó complicaciones.
—¿Qué complicaciones?
La gente pasaba junto a las puertas de cristal, cargando bolsas de la compra y empujando cochecitos. La sencilla y vecinal escena hacía que su conversación pareciera aún más irreal.
Eleanor miró a su hijo.
—Tomasz hizo promesas que no pudo cumplir.
—¿A Marisol?
Se le quebró la compostura.
—No tienes ni idea de quién es esa mujer.
—Entonces dímelo.
—Quería dinero.
—Dice que nunca le pidió dinero a Maja.
—Está mintiendo.
—¿Sabías de los mensajes?
Eleanor no respondió.
—¿Los interceptó Jonathan?
Seguía sin haber respuesta.
David sintió un silencio en su interior.
Ya no necesitaba forzar una confesión.
Su silencio era una respuesta en sí misma.
—Te aprovechaste del miedo de Maya a perder a Liam —dijo—. Sabías lo que hizo su madre.
—Intentaba mantener unida a esta familia.
—¿Asustando a mi esposa?
—Protegiéndote.
—¿De qué?
Los ojos de Eleanor se llenaron de lágrimas.
—De convertirme en tu padre.
David la miró fijamente.
—¿Qué significa eso?
—Tenía dos vidas. Dos familias. Dos promesas. Pasé años limpiando lo que dejó atrás.
Su voz tembló.
—Crees que era bueno porque eras una niña. Crees que era honorable porque te enseñó a andar en bicicleta y te llevaba a los partidos de béisbol. Pero fui yo quien abrió las facturas. Fui yo quien encontró las cartas.
—¿Era el padre de Maya?
Eleanor apartó la mirada.
—¿De verdad?
—No lo sé.
La respuesta sonó sincera.