SE OBLIGÓ A CASARSE CON UN "CERDO MULTIMILLONARIO" PARA PAGAR LA DEUDA DE SU FAMILIA, PERO EN LA NOCHE DE SU ANIVERSARIO, GRITÓ MIENTRAS ÉL SE ORINABA SOBRE SU "PIEL", REVELANDO AL HOMBRE CON EL QUE TODOS SUEÑAN.

Clara y Sebastián estaban sentados en el pequeño jardín que ellos mismos habían plantado. No había sirvientes, ni máscaras, ni deudas. Sebastián había renunciado a su puesto de director ejecutivo, cediendo las riendas a una junta directiva de confianza, y en su lugar decidió dirigir una fundación que ofrecía cirugía reconstructiva a víctimas de quemaduras y personas con cicatrices físicas; personas que, como su personaje de "Baste", eran ignoradas por el mundo.

Clara ya no era una "sirvienta". Se había convertido en socia.

"¿Lo extrañas a veces?", preguntó Sebastián, apoyando la cabeza en su hombro mientras el sol se ponía. "¿Ese grandullón? ¿El que tenías que alimentar?"

Clara rió, y su risa era pura alegría. "A veces. Era muy bueno abrazando".

Sebastian sonrió, y por primera vez, no fue una sonrisa "guapa" ni "monstruosa". Fue simplemente una sonrisa varonil.

"Entiendo algo, Clara", susurró. «El mundo sueña con el hombre que soy ahora. Pero yo solo soñé con una mujer que amara al hombre que era entonces».

Al final, «El Cerdo Multimillonario» no solo encontró esposa; encontró un espejo que le mostró que era suficiente, con o sin su cuerpo. ¿Y Clara? Ella aprendió que su mayor riqueza no eran los 50 millones de pesos con los que pagó la deuda de su padre, sino el corazón que encontró oculto bajo una montaña de mentiras.