Sentí un escalofrío.
Cuando terminó, cogió el vaso y subió las escaleras... yo.
Me volví a meter en la cama y fingí estar medio dormida.
Sonrió al dármelo.
"Aquí tienes, querida."
Bostecé y dije en voz baja:
"Lo terminaré después."
Esa noche, cuando se durmió, vertí el agua en un termo, lo cerré bien y lo escondí en mi armario.
Resultados de la prueba
A la mañana siguiente, fui directamente a una clínica privada y le di la muestra a un técnico.
Dos días después, el médico me llamó. Tenía un semblante serio.
"Señora Carter", dijo en voz baja, "el líquido que bebió contiene un potente sedante. Si se toma con regularidad, puede causar pérdida de memoria y adicción." Quien te lo dio no intentaba ayudarte a dormir.
La habitación dio vueltas.
Seis años de cariño, atención y amor susurrado... y durante todo ese tiempo, me habían dado algo para silenciarme.
Esa noche, no bebí el agua. Esperé.
Ethan se acercó a la cama y notó que el vaso estaba intacto.
—¿Por qué no la bebiste? —preguntó.
Sonreí levemente.