"¡Marisol!"
Huyó.
"¿Qué ha pasado, señor?"
"Mi reloj ha desaparecido.
Rodrigo parecía fingir preocupación.
"Qué raro, tío. Nadie entró ni salió. Bueno... Casi nadie.
Marisol lo entendió.
Ha perdido su color.
"No, señor. Nunca hemos...
Rodrigo la interrumpió.
"No hablo de ti, Marisol." Pero los niños ven cosas buenas. Y cuando vienen de donde vienen...
"¡No hables así de mi hija!" gritó Marisol por primera vez.
Rodrigo fue directamente a su mochila.
Lupita se levantó, temblando.
"Por favor, no toques mis cosas.
"Si no ocultas nada, no hay problema.
Dejó caer la mochila sobre la mesa.
Cayeron cuadernos, lápices y una manzana envuelta en una servilleta.
Y entonces el golpe resonó.
Clangue.
El reloj de oro cayó bajo la luz.
Marisol sentía que su mundo se estaba desmoronando.
Lupita miró su reloj como si hubiera aparecido un animal venenoso.
"No fui yo", susurró. "No lo puse ahí."
Rodrigo soltó una risa cruel.
"¿Ves, tío?" Te lo dije. Ladrones. Hambriento.
Marisol cayó de rodillas.
"Don Ernesto, por favor, no lo crea. Mi hija no roba. Llama a la policía si quieres, pero comprueba con cuidado. Te lo ruego."
Ernesto miró su reloj.
Miró a Rodrigo.
Miró a Lupita.
La vieja desconfianza quería volver.
Pero algo no tenía sentido.
Los números no mentían.
Y esa escena tenía un mal reportaje.
"Lupita", dijo con calma. Mírame.
La chica levantó la vista, llena de lágrimas.
"Vamos a resolver un problema. Tenemos 20 minutos. El reloj estaba en mi muñeca a las 8 de la mañana. Lo puse en la estantería a las 8:05 de la mañana. Rodrigo lo pidió a las 8:25 de la mañana.
Rodrigo estaba nervioso.
"Tío, no estés bromeando." El reloj salió de su mochila.
"Ese es el resultado", respondió Ernesto. "Pero la operación aún no se ha llevado a cabo."
Sacó su móvil.
Encendió la pantalla grande del salón.
Rodrigo palideció.
La grabación realizada en el vestíbulo se emitió en televisión.
Se vio a Ernesto entrando en el baño.
El reloj era visible en la estantería.
Entonces, se vio a Rodrigo acercándose, mirando a su alrededor y guardando su reloj.
Marisol se tapó la boca con la mano.
Lupita dejó de llorar.
La imagen cambió a la cocina.
Rodrigo estaba metiendo el reloj en la mochila de la chica.
Silencio.
Un silencio que ya no acusaba a Lupita.
Ahora estaba aplastando a Rodrigo.
"Tío, puedo explicarlo," tartamudeó. "Fue una prueba. Lo hice por ti."
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