Después de cinco años bañando a mi marido paralizado, le oí reír y decir que yo era "una enfermera libre". Ese día no grité... Ese día empecé a quitarle todo sin que él se diera cuenta.

Durante cinco años, le limpié el cuerpo, le cambié los catéteres y le di de comer.

Durante cinco años, dormí con un ojo abierto, por si se atragantaba, por si sentía dolor, por si necesitaba que le diera la vuelta en la cama a las tres de la mañana.

Durante cinco años, olí a alcohol, pomada, lejía y caldo de pollo.

Durante cinco años, creí que era amor.

Hasta que le oí.

Me llamo Brenda.

Tenía veintinueve años cuando Esteban quedó paralizado tras un accidente en la carretera a Cuernavaca.

Éramos recién casados.

Seguía llevando vestidos ajustados, perfumes caros y teniendo sueños tontos.

Después del accidente, mi vida se convirtió en una cama de hospital en la sala de espera.

Aprendí a llevarlo.

Bañándole.

Para cambiarles los pañales.