Lo último que recuerdo es a Ryan —mi esposo— sentado a la mesa de la cocina, deslizándome unos papeles.
“Solo firma, Em. Es para proteger nuestros bienes”.
Me negué.
Esa misma noche, me fallaron los frenos.
La puerta se abrió de nuevo.
Ethan soltó mi mano rápidamente.
“¿Otra vez tú?”, espetó Ryan. “Te dije que no puede oírte”.
“Solo quería verla”.
“Ve a sentarte con tu tía Claire”.
Claire.
Mi hermana.
La que me trenzaba el pelo cuando éramos pequeñas. La que lloró en el hospital, diciendo que daría la vida por mí.