Después de unos minutos, la pala chocó con algo duro.
Un sonido metálico sordo resonó en el silencioso patio.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Me arrodillé y aparté la tierra hasta que apareció el borde de una pequeña caja de metal.
Estaba oxidada y pesada.
Vieja.
La saqué de la tierra y le quité el barro.
Por un momento, me quedé allí, mirándola fijamente.
Entonces la abrí.
Dentro había fotografías.
Viejas.
En la parte superior de la página había una foto de un joven en una habitación de hospital con un bebé recién nacido en brazos.
Al mirarla más de cerca, jadeé.
Porque el bebé en sus brazos…
Era yo.
Debajo de la foto había una pulsera de hospital con mi nombre.
Y otra carta.
Me temblaban las manos al abrirla.
"Mi querida Tanya,
Si encontraste esta caja, significa que nunca tuve el valor de decirte la verdad en vida.
Soy tu padre.
Cuando naciste, la familia de tu madre me rechazó. Pensaban que solo les causaría problemas.
Años después, descubrí dónde vivías. Me mudé justo al lado para poder al menos verte crecer.
Te vi convertirte en madre. Vi a tus hijos jugar en el jardín.
Siempre he estado orgulloso de ti.