Tras ocho meses de silencio… su esposa estaba recuperando la compostura.
Entonces, una noche…
Todo cambió.
Alrededor de las dos de la madrugada, Lily volvió a estar de pie junto a la cama, con una expresión inusualmente seria.
—Hoy es importante —dijo en voz baja.
Colocó suavemente las manos sobre el vientre de Emily.
—Por favor, despierta —susurró—. Tu bebé te necesita… y tu marido te echa de menos.
Los ojos de Emily se abrieron.
Solo por un instante…
Pero miró fijamente a Lily.
—¡Emily! —exclamó Daniel, tomándole la mano.
Sus labios se entreabrieron.
Un leve suspiro escapó de sus labios.
Luego sus ojos se cerraron de nuevo…
Pero esta vez… no era el vacío del coma.
Era sueño.
Sueño de verdad.
Por la mañana, los médicos estaban atónitos.
—Ha salido del coma —dijo uno—. No podemos explicarlo.
Durante los días siguientes, Emily despertó lentamente.
Volvió a hablar.
Y lo que dijo dejó a Daniel sin aliento.
—No estaba sola —susurró—. Había una niña… no dejaba de hablarme. No me dejaba rendirme.
Esa noche, Lily regresó.