Allison finalmente levantó la vista.
Las lágrimas le llenaron los ojos.
"Yo... yo iba a decírtelo..."
Eso fue suficiente.
Todo se hizo añicos. —¿Me mentiste? —espetó Diego, alzando la voz—. Me dijiste que era mi hijo… ¡MI HIJO!
—¡Te necesitaba! —gritó ella—. ¡Pensé que si te lo decía, te irías!
Las palabras resonaron.
Feas.
Desesperadas.
Reales.
Diego retrocedió un poco, como si hubiera recibido un golpe.
—Todo este tiempo… —murmuró—.
El apartamento.
El dinero.
El futuro que creía estar construyendo.
Todo…
Construido sobre una mentira.
Soltó una risa hueca.
—Mi familia… mi madre… han estado celebrando…
—No tienen por qué saberlo —dijo Allison rápidamente, agarrándolo del brazo—. Podemos arreglar esto…
Él apartó el brazo bruscamente como si ella lo hubiera quemado.
—¿Arreglar esto? —repitió.
Luego, más fuerte…
“¿ARREGLADO ESTO?”
La puerta de afuera se abrió con un crujido mientras se oían voces murmurando en el pasillo.
Su familia seguía allí.
Esperando.
Sonriendo.
Creyendo.
Diego volvió a mirar la pantalla del ultrasonido.
Al niño que ya había reconocido.
Ya le había puesto nombre.