"¿Zainab?" preguntó, notando el cambio. Puso un pequeño sobre la mesa—quizá pan o algo de queso. "¿Qué ha pasado?" Panes
"¿Siempre has sido un mendigo, Yusha?" preguntó. Su voz sonaba hueca, como un junco crepitando al viento.
El silencio que siguió fue largo y pesado, cargado de todo lo que había quedado sin decir.
"Ya te lo he dicho", respondió, su voz carente de cualquier calidez poética. "No siempre."