En tradiciones antiguas y creencias populares, no en hechos probados.
Los objetos no tienen poder en sí mismos, pero las emociones e ideas que tenemos sobre ellos pueden influir en cómo nos sentimos.
Por lo tanto, en lugar de temer a los regalos, los expertos recomiendan analizarlos con calma, mantener una actitud racional y recordar que, la mayoría de las veces, el efecto real no está en el objeto en sí, sino en lo que creemos sobre él.