A Grace le importaba más el postre que la ceremonia.
Emily se quedó dormida en medio de la cena con glaseado por toda la cara.
Y Daniel...
Daniel parecía feliz.
Pero también asustado.
Como si la felicidad fuera algo temporal que pudiera desaparecer si se relajaba demasiado.
Después de la boda, me mudé a su casa.
Al principio, todo parecía acogedor y normal.
La cocina siempre olía a tortitas o bocadillos de queso a la plancha.
Había ceras en la nevera.
Cullos cerca de la puerta principal.
Los juguetes siempre estaban escondidos bajo los muebles, por mucho que limpiara.
Parecía viva.
Entonces, me fijé en la puerta del sótano.
Siempre estaba cerrada con llave.
Siempre.
Solo para ilustrar. El sótano cerrado empezó a molestarme.
Una noche, mientras recogíamos la cocina después de cenar, pregunté casualmente:
¿Por qué el sótano está siempre cerrado con llave?
Daniel ni siquiera levantó la vista.
"Es un lugar para guardar cosas", dijo. "Herramientas, latas de pintura, baratijas antiguas. No quiero que las chicas salgan heridas."
Parecía razonable.